La Habana, Cuba

Guía de la ciudad con datos clave, viajes, negocios y cultura.

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Resumen

La Habana es la cautivadora y desgastada capital de Cuba — una ciudad de plazas coloniales Patrimonio de la Humanidad y esplendor descolorido, autos americanos de los años cincuenta recorriendo el Malecón frente al mar, son y salsa en cada esquina, y el ron, los puros y el espíritu inagotable que la hacen única.

La Habana Vieja

Las plazas coloniales Patrimonio de la Humanidad, las iglesias y los bares de Hemingway, y las fortalezas del puerto.

El Malecón

El legendario paseo marítimo donde la ciudad entera se reúne al atardecer, y la ceremonia nocturna del cañonazo.

Autos clásicos y ciudad

Los autos americanos de los años cincuenta, el Capitolio, el Vedado de esplendor descolorido y el Hotel Nacional.

Música, ron y puros

El son y la salsa en directo, los mojitos y daiquiris, los puros cubanos y la ruta de Hemingway.
Resumen de viaje

La Habana es una de las ciudades más evocadoras del mundo — una capital curtida por el sol y la sal, de intensísima atmósfera, donde la gran arquitectura colonial y de la belle époque, en todos los estados desde lo primorosamente restaurado a lo románticamente ruinoso, bordea calles llenas de música, autos clásicos y una vida que transcurre en buena parte al aire libre. Su corazón es La Habana Vieja, sitio Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y uno de los mejores centros coloniales de América: una cuadrícula compacta de calles empedradas que enlaza cuatro plazas hermosas — la barroca Plaza de la Catedral, la frondosa Plaza de Armas donde se fundó la ciudad, la mercantil Plaza de San Francisco junto al puerto y la colorida y restaurada Plaza Vieja —, rodeadas de viejas iglesias, fortalezas, museos, cafés y los famosos bares donde Ernest Hemingway bebía sus daiquiris y mojitos. Guardando la bocana del puerto se alzan las grandes fortalezas españolas de El Morro y La Cabaña, donde una ceremonia nocturna del cañonazo recuerda la ciudad de antaño. A lo largo de la costa corre el Malecón, el legendario paseo y muro de mar de ocho kilómetros de La Habana, donde la ciudad entera parece reunirse al atardecer para pescar, cortejar, tocar música y ver romper las olas sobre el muro mientras cae el sol — el alma de la ciudad. Más allá, las calles de Centro Habana y las grandes avenidas arboladas y mansiones descoloridas del Vedado (con el icónico Hotel Nacional y la heladería Coppelia) muestran otras caras de la capital. El espíritu de La Habana está en su música — son, salsa, rumba y trova brotando de bares, plazas y casas de la música de día y de noche — y en su ron y sus puros, su arte y la calidez de su gente. La famosa flota de autos americanos de los años cincuenta, pintados de colores vivos y usados como taxis, completa el efecto de cápsula del tiempo. Es una ciudad para recorrer despacio y empaparse de ella. El clima es cálido y tropical todo el año; la temporada más fresca y seca, de noviembre a abril, es la más cómoda, con riesgo de calor y huracanes a finales del verano y en otoño.

Descubre La Habana

La Habana Vieja, el casco antiguo inscrito por la Unesco, es el tesoro de la ciudad — uno de los grandes centros coloniales de América, un barrio denso de calles y plazas empedradas que se restaura con esmero en medio de la decadencia romántica. Cuatro plazas lo articulan: la Plaza de la Catedral, enmarcada por una bella catedral barroca y casonas coloniales; la Plaza de Armas, la más antigua, frondosa y bordeada de puestos de libros usados y el antiguo palacio de los gobernadores; la Plaza de San Francisco, junto al puerto, con su vieja basílica y casas de comerciantes; y la restaurada Plaza Vieja, de tonos pastel, rodeada de cafés y una fábrica de cerveza artesanal. Entre ellas serpentean calles llenas de museos (el Museo de la Ciudad), viejas farmacias, galerías de arte y los legendarios bares de Hemingway — La Bodeguita del Medio para un mojito y El Floridita para un daiquiri. La peatonal calle Obispo bulle de tiendas y música. Es un lugar para pasear sin plan, con una copa de ron o un café en la mano, dejándote llevar por el ambiente.

Preguntas frecuentes

Pasear por las cuatro plazas coloniales de La Habana Vieja y luego ver el atardecer desde el muro del Malecón, donde se reúne la ciudad entera — juntos captan la esencia de La Habana. Suma un paseo en un auto americano de los años cincuenta, un mojito en uno de los bares de Hemingway y una noche de son o salsa en directo, y tienes el primer día perfecto. La Habana premia el deambular lento y sin plan más que una lista de tareas.

La temporada más fresca y seca, de noviembre a abril, es la más cómoda, con días cálidos y soleados ideales para recorrer la ciudad y sentarse en el Malecón. El verano (más o menos de junio a octubre) es caluroso, húmedo y coincide con la temporada de huracanes del Atlántico, cuando son posibles las lluvias intensas. Vayas cuando vayas, cuenta con el calor tropical — visita por la mañana y al atardecer y dosifica el sol del mediodía.

Cuba funciona en gran medida con efectivo, y las tarjetas extranjeras a menudo no funcionan, así que infórmate de la situación actual del dinero y lleva suficiente efectivo para cambiar. El acceso a internet es limitado e irregular. La escasez puede afectar a tiendas y restaurantes, de modo que la flexibilidad y la paciencia ayudan. Alojarte en una casa particular (un hospedaje familiar con licencia) y comer en paladares privados apoya a los locales y da una conexión más cercana con la ciudad. Comprueba los requisitos de entrada vigentes para Cuba antes de reservar.

Misiones diplomáticas en La Habana

4 misiones en esta ciudad, agrupadas por región.